“Toda mi alma estaba cuidadosa y ocupada en inquirir la verdad, e inquieta y desasisegada en discursos y disputas para hallarlas.”

“Dios mío, fuente inagotable de misericordia. Yo cada día me iba haciendo mas miserable, y vos cada día os íbais acercando más a mi.”

A lo largo del relato de la vida de Agustín, pecador empedernido como el mismo se llama, se puede rescatar que incluso desde su juventud, siempre busco inquirir en la sabiduria y la verdad, y lo puso por delante de otras cuestiones; ya sea bienes de la carne o materiales. Puedo a ciencia cierta hacer paralelismos con mi vida, con mis experiencias, e incluso la segunda frase se asemeja de cierto modo a los relatos y la obra de Fyodor, en virtud de que mientras mayor el dolor, más cerca de Dios. Vease ya con Raskolnikov, con Dimitri Karamazov, Incluso con Ivan; Especialmente al final de la obra, donde Ivan no puede ya soportar el yugo de vivir sin justicia.

Sobre la muerte como unico motor de una vida

“Ninguna cosa me estimulaba más para salir del abismo profundo de lo deleites carnales en que estaba encenagado que el miedo de la muerte y vuestro juicio final.

“«Dado caso que nunca hubiésemos de morir, y que continuamente estuviésemos gozando de deleites corporales, sin temor alguno de perderlos nunca, ¿qué nos faltaría para ser bienaventurados, o qué otra cosa habría de apetecer?» Y es que no conocía que este modo de pensar era mi gran miseria, pues por estar yo tan anegado y ciego, no se levantaban mis pensamientos hasta la luz aquella purísima y soberana hermosura, que por sí misma merece ser amada, la cual no se ve con los ojos corporales si no solamente con los ojos del alma.”

¿Y es que acaso quién le dio permiso a Agustin para entrar de esta manera tan virtuosa a mi alma? La mortalidad misma es el mayor enemigo de una vida completamente hedonista, repleta de placeres carnales, siempre que se tenga en cuenta la idea de Agustin de “Yo creía ciertamente que después de la muerte le quedaba otra vida a nuestra alma, y el premio o castigo es correspondiente a las obras.” Y es que si acaso, si esa supuesta vida no se viviese en base al juicio de nuestras acciones en nuestra actual vida, acaso importa entonces nuestro actuar? Acaso entonces, no está incluso justificado aquel modo de vivir, cuan hedonista, cuan placentero y gustoso que San Agustín decía?

Bajo este concepto, ¿acaso solamente esta justificada no llevar una vida tal, en virtud de que no haya una siguiente vida ni un juicio próximo, porque no hay muerte?

San Agustin responde a esta pregunta magistralmente:

“Ni siquiera consideraba, miserable de mí, el principio y fuente de donde dimanaba el placer y gusto con que yo trataba a mis amigos estas mismas cosas, aunque torpes y feas… …A estos amigos yo los amaba sin interés alguno y conocía que ellos me correspondían, amándome también del mismo modo”

Al final, vivir de tal forma es ignorar nuestra naturaleza, es ignorar nuestra alma y es por consiguiente no vivir. Queda claro en las palabras de Agustín a lo largo de toda la obra que las felicidades de la carne son inmundas, son efímeras y son incluso falsas. Plantearse la incógnita de si el hedonismo se justifica sin una vida posterior a la muerte, es ignorar la naturaleza misma del ser humano, es ignorar nuestra alma, nuestra capacidad de sentir, nuestra conciencia, y la cosa misma que hace que me plantee todas estas preguntas. La pregunta es deshonesta, pues nos quita la cualidad de humanos de cierto modo.

Es una pregunta injusta, puesto que es en cierta forma decir : “Si perdiéramos nuestra esencia y sustancia humana, es justificable el actuar sin consecuencias?”

La mera gracia y deseo de actuar sin consecuencia es resultado de nuestra humanidad, de la misma forma que los animales no desean eso, pues no desean realmente si no es por instinto.

Sobre la conciencia como ser inmaterial.

“Mi entendimiento no formaba, en efecto, otras ideas o imagenes interiores, sino semejantes a las formas o especies que recibian mis ojos y demas sentidos corporales; y no advertia ni reflexionaba que la interior potencia y dificultad con que yo formaba aquellas mismas imagenes o ideas no era corporea ni abultada, siendo no obstate, alguna cosa grande, pues a no serlo, no podria formarlas.”